Solo la idea de pensar en un humano súper
dotado, aleja de mi pensamiento las implicaciones que Ospina manifiesta en su
artículo. Para el común de las personas que desconocen parcial o completamente
el término de “humano súper dotado”, desconoce también como identificarlo en
otras personas y la disciplina que conlleva desarrollarlo. Partiendo de esta
premisa aunque un poco escueta o incompleta, no estoy de acuerdo en su
totalidad con Ospina, pues el desarrollo de una cualidad a mis estudiantes
siendo mi caso particular, es un compromiso bilateral, entre el estudiante y yo
como mediador de su educación.
Al disponer de conocimientos pedagógicos y en
docencia universitaria, no es más fácil para mi identificar las habilidades y
recursos internos que mis estudiantes
pueden ostentar, pero mi obligación es individualizar y desarrollar sus
habilidades en mi materia de forma integral, realizando sondeos de
conocimientos, observación en su capacidad de relacionarse o su forma de
reaccionar frente a la interacción social, Como saberes facilitadores entre el
aprender y el enseñar enfocados en la formación y educación de las personas
desde los aspectos del ser hasta los aspectos meramente académicos.
Asumo que una vez haya diferenciado e
individualizado a mis estudiantes, desde el punto de vista de sus recursos
internos, podre intervenir en el desarrollo de sus aptitudes y actitudes. Es necesario destacar desde que era un niño en
el jardín de infancia, pasado la primaria, la educación media preparatoria y mi
educación superior, he sido “víctima” por así decirlo de los diferentes enfoque
académicos; se preguntaran ¿Por qué victima?, pues al pasar por diferentes
maestros, educadores, profesores, mediadores, todos con distintos enfoques
académicos, metodologías o pedagogía, ninguno se tomó la molestia de
identificar en mí, mis aptitudes o actitudes, con el fin de desarrollarme en un
medio cognitivo y asi poder ser encasillado como una persona superdotada, que a
contrario sensu, al imponer un paradigma o un esquema de educación, pude
observar que era tratado como un producto en masa, es decir, me sentí como
césped cortado y mantenido al margen como todos los demás, todo bajo la premisa
de ser personas iguales.
Mi obligación como mediador es velar por la
eficacia de mis alumnos, en el entendido de mi experiencia vivida y las bases
pedagógicas aprendidas, me hace responsable en el desarrollo de las aptitudes y
actitudes, en forma personalizada para con mis alumnos, fortaleciendo y
profundizando sus dotes y habilidades académicas y personales desde su
singularidad, creando así personas superdotadas, como antítesis del punto de
vista antropológico expuesto por Ospina. Aunado a lo anterior no puedo pasar
por alto la condición de bilateralidad ya mencionada a lo largo de este ensayo,
pues de no cumplirse con esta condición será muy difícil poder mediar en la
educación de las personas.
Un profesional que es capaz de sacar a flote,
las capacidades académicas y personales de las personas, convirtiéndolos en
“humanos súper dotados”, pasando por encima de cualidades antropológicas, es un
profesional idóneo como pedagogo, viendo más allá de lo aparente, creado y
fortaleciendo nexos emocionales con los estudiantes, en aplicación de mis propios
recursos internos.
ÁLVARO VICENTE FERIA NÚÑEZ
Abogado Titulado
Universidad Cooperativa De Colombia
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